Arturo Herrero

Notes

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Canto a mí mismo

El pasado y el presente se marchitan,
los he llenado y vaciado a los dos,
y me dispongo a llenar lo que me espera de futuro.

¡Tú que me escuchas allá arriba! ¿qué tienes que decirme?
Mírame a la cara mientras aspiro las sombras del atardecer,
habla con sinceridad, nadie más te escucha y sólo me queda un minuto.

¿Me contradigo?
Sí, me contradigo. Y ¿qué?
Yo soy grande, contengo multitudes.

Me dirijo a los que están cerca y espero en el umbral de la puerta.

¿Quién ha terminado su trabajo y acabará antes la cena?
¿Quién desea pasear conmigo?

¿Hablarás antes de que me vaya o te decidirás demasiado tarde?

Canto a mí mismo #51, Walt Whitman.

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Hombre de Vitruvio

Hombre de Vitruvio

Hombre de Vitruvio, Leonardo da Vinci. 1490.

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Humanismo vs Especialización

Siguiendo mi camino

Un segundo oficio es algo tan cercano a la personalidad de un artista que siempre nos preguntaremos si era, en realidad, su auténtica vocación. Por ejemplo, las pinturas de Leonardo da Vinci eran sólo su segundo oficio. En su tiempo fue más conocido como ingeniero militar, inventor de máquinas y, a ratos, maestro de ceremonias.

En realidad este libro quiere ser una defensa del humanismo y un alegato contra la especialización. La gente más ignorante y dogmática que he conocido se presentaba siempre como especializada en ciencias o técnicas muy complejas—lo cual me parece apasionante—pero opinaban de todo; osadía impropia de quien pretende ser tan limitado. Prefiero la sabiduría universal que reconoce una ignorancia general. Es más modesta.

Los escritores deberían aprender a investigar delante de un microscopio, de igual manera que los científicos tendrían que acostumbrarse a observar la realidad, leyendo buena literatura. Las grandes novelas realistas del pasado—minuciosas y precisas en el detalle—nos enseñaban a observar la vida. Y la ciencia no progresa solamente por observación y por experimentación, como suelen decir los manuales de manera muy simplista, sino porque el genio es capaz de crear en su imaginación ciertas asociaciones que luego pueden probarse en la realidad. Lo mismo que hace el artista. Por eso pudo decir Jung—en un genial diagnóstico—que cuando un ser humano pierde todo interés por la poesía y por el mito, se halla en la antesala de la enfermedad mental. Y si todavía sentimos el resplandor maravilloso que emana de la cultura clásica es porque los antiguos griegos crearon, en sus epopeyas, en su poesía y en su teatro, una paidea para educar a los jóvenes en los valores del mito. Justamente por eso he defendido siempre la idea de que Cervantes sometió a sus lectores a un juego psicológico muy provocativo al presentarnos a Don Quijote como un loco que había perdido el juicio leyendo delirios y disparates. A lo largo de su novela y a través de las desventuras de su héroe nos muestra más bien la decadencia de una sociedad enferma que, en el ocaso de un imperio, ya no comprendía el heroísmo ni el mito. Y, por parecidas razones, creo que el siglo XX—al quebrar de forma irresponsable las bases de la educación humanista—sumió a la sociedad burguesa en el cenagal de una crisis de valores.

Las utilidades de cualquier saber son impredecibles. Y el abuso de la especialización es una de las dolencias de la cultura moderna. Muchos de los grandes descubrimientos surgieron gracias a la capacidad de observación de un sabio que—por la amplitud de sus estudios—podía comparar y asociar experiencias muy diferentes.

[…]

El mundo se nos ha llenado de divulgadores elementales que se consideran, con toda desfachatez, «cientificos». Hablan un lenguaje pretencioso y prohibicionista, alarmandodo a la gente sencilla; sobre todo en temas de medicina. Y creen que, para tener un concepto real de la vida, hay que darle a todo un nombre altisonante que suene a genética o a química.

«Olvida usted—le dije un día a uno de estos avisones—que casi todos nuestros antepasados vinieron al mundo antes de que nadie hubiese visto un espermatozoide por el microscopio».

Enseñarle la primera lección de filosofía a un universitario sabihondo es tan arriesgado como darle un martillo a un niño nervioso; éste piensa que todo es un clavo y el otro cree que todo es ciencia. Prefiero a mis viejos maestros que daban largos rodeos en la experiencia de la vida y en el conocimiento, hasta convertirse en sabios.

Siguiendo mi camino, Mauricio Wiesenthal.

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Escuela Española de Economía

La Escuela de Salamanca es el término usado para describir a un grupo de pensadores católicos escolásticos de los siglos XVI y XVII considerados el centro del renacimiento del pensamiento durante el Siglo de Oro español. Aunque su inicio tuvo lugar en la Universidad de Salamanca por Francisco de Vitoria, también se utiliza el término Escuela Española de Economía para designar a un grupo más amplio de autores escolásticos que lograron identificar en sus obras la mayoría de los principios del crecimiento económico y las instituciones que son el origen del orden natural y espontáneo del mercado. Algunas de las figuras más destacadas por sus aportaciones son Martín de Azpilcueta, Domingo de Soto, Diego de Covarrubias, Tomás de Mercado, Luis de Molina, Juan de Mariana y Francisco Suárez, entre otros.

Entre los aspectos que propiciaron este desarrollo intelectual destacan el descubrimiento de América, el desarrollo del humanismo renacentista, la Reforma protestante y los avances científicos en campos emergentes como la astronomía y la anatomía. Estos factores motivaron la definición de este marco institucional «escolástico» que defendía los derechos individuales de vida, libertad, propiedad privada y la igualdad de trato ante la ley.

Los escolásticos definieron los conceptos básicos del derecho internacional, los derechos de los pueblos indígenas, los derechos de las mujeres y la libertad religiosa. Hicieron aportaciones a la teoría de precios, inflación, teoría subjetiva del valor, los mercado de préstamos, propiedad privada, fiscalidad, funciones del Estado y marco institucional para la actividad económica. También reflexionaron sobre la necesidad de limitar el poder político, respetar la propiedad privada, soberanía del pueblo, el principio de consentimiento de los ciudadanos frente a los cambios de leyes, subidas de impuestos, alteración de la moneda y el derecho de oposición, rebelión o, finalmente, de derrocamiento de los tiranos.

Respecto a los referentes intelectuales de esto autores están Tomás de Aquino, que conciliaba la razón y la fé con la tradición clásica de Aristóteles y el derecho romano partiendo de una concepción antropológica del hombre y del «amor cristiano», y Agustín de Hipona con su mística («acción del Espíritu Santo en el ser humano») para desarrollar instituciones del alma (empatía, misericordia, caridad, compasión) que derivan en instituciones morales (normas de conducta y patrones de comportamiento adquirido que impulsan el respeto por los derecho individuales: principio de no-coacción, no-coerción, no-violencia).

Estas instituciones sociales evolutivas y órdenes espontáneos articulan las sociedades civilizadas, abiertas y libres. Entre los órdenes sociales autorregulados y las instituciones sociales que de ellos se derivan encontramos los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y la igualdad de trato ante la ley; la familia, la educación en valores, el mérito y capacidad, el lenguaje, los contratos, el comercio, el dinero, la banca, la empresarialidad, la inversión, etc.

En definitiva, las aportaciones de la Escuela Española de Economía defienden el «auctoritas» moral de sus obras intelectuales frente a la «potestas» del Rey y su Corte en la gestión de los asuntos políticos y económicos.

Sus obras se transmitieron por Europa y América gracias al latín, que era el idioma común del mundo académico en esa época, y también gracias al uso de la imprenta, que permitía publicar y difundir gran cantidad de libros. Entre las figuras influenciadas por estas obras se encuentran John Locke, John Adams y Thomas Jefferson. Así podemos trazar una tradición liberal de las instituciones y principios de libertad que provienen de la herencia intelectual de la Grecia clásica, el derecho romano, la patrística cristiana, la Escuela Española de Economía, los padres fundadores de los Estados Unidos de América y la Escuela Austriaca de economía.

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La naturaleza de nuestras representaciones

Individualidad humana

Los seres humanos se han formado sus propias ideas en cada cultura y cada época, por ejemplo, sobre el mundo. Es posible que nuestros antepasados, que hasta hace setenta mil años vivieron en África, pensaran que la Tierra se componía de sabana, selva, montañas, valles, ríos y lagos. Sus descendientes, que avanzaron hasta dar el salto a Eurasia, comprobaron que no solo existía la tierra firme, sino también una gran extensión de agua salada, y revisaron su idea del mundo: la Tierra era un disco plano rodeado de un mar que se extendía hasta sus bordes.

Ya en el siglo IV antes de Cristo algunos sabios llegaron a la conclusión de que la Tierra tenía la forma de una esfera. El filósofo griego Aristóteles dio tres buenas razones. La primera era que cuando un barco se hacía a la mar, primero desaparecía de la vista el casco y después la vela; la segunda, que en un eclipse lunar la sombra de la Tierra proyectada sobre la Luna era siempre redonda; y la tercera, que en los países meridionales las constelaciones propias del sur estaban más altas sobre el horizonte que en los países septentrionales. No obstante, la gran mayoría de los humanos se mantuvo en la idea más acorde con la realidad de su vida: la Tierra era un disco plano.

También para el genovés Cristóbal Colón la Tierra era una esfera. Estaba convencido de que era posible alcanzar China e India navegando hacia el oeste, y en 1492 zarpó con tres naves en esa dirección. Pero no arribó a China, sino a América. Su error fundamental fue no considerar la posibilidad de que entre Europa y Asia hubiera otro gran continente. En 1519, el portugués Fernando de Magallanes se dispuso a dar la vuelta al mundo con cinco naves. Murió en la expedición, pero su timonel, Juan Sebastián Elcano, culminó en 1522 la primera circunnavegación de la Tierra. Su forma esférica quedó así confirmada, y el mundo la reconoció.

Pero más tarde volvieron a cuestionarse las ideas sobre nuestro planeta, esta vez sobre su posición en el cosmos. A principios del siglo XVII Nicolás Copérnico, Galileo Galilei y Johannes Kepler llegaron a la misma conclusión: el Sol no giraba alrededor de la Tierra, sino la Tierra alrededor del Sol. La visión heliocéntrica del mundo causó una gran conmoción, pero fue el comienzo de la descentralización de nuestro planeta. Le siguió el descubrimiento de que el sistema solar no ocupaba el centro del universo, sino que se hallaba en el borde de la Vía Láctea. Y por último se constató que esta solo era una de las cien mil millones de galaxias existentes, cada una compuesta de una media de cien mil millones de estrellas con los correspondientes miles de millones de planetas orbitando a su alrededor.

¿Qué nos enseña esta breve crónica de las cosmovisiones de nuestros antepasados? En todas las culturas y todas las épocas, los humanos se han representado el mundo de la manera más compatible con sus percepciones y experiencias. Cuando aparecían nuevas concepciones, adaptaban a ellas su visión del mundo. Este mismo proceso se dio también gracias a los descubrimientos en ciencias como la biología, la física o la psicología. La idea del ser humano siempre ha sido —como su visión del mundo— expresión de una cultura y una época particulares. Y el mismo proceso que observamos en nuestra historia acontece también en nuestra propia vida. Una y otra vez adaptamos nuestras ideas a las circunstancias cambiantes, y las más corrientes son, como las de los astrónomos, siempre provisionales. Esto, no obstante, no nos impide dar por definitivos nuestros conocimientos de cada momento, pues no podemos representarnos los futuros.

Individualidad humana: Qué nos hace diferentes y cómo aprovecharlo, Remo H. Largo.

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Casanova

Casanova. Stefan Zweig

Casanova es un dilettante en todas las artes creadas por Dios: Escribe versos ripiosos, hace filosofemas soporíferos, rasca el violín, y cuando conversa, en el mejor de los casos, lo hace como un enciclopedista. Más entendido es ya en los juegos que inventó el diablo: faraón, biribí, dados, dominó, timos, alquimia y diplomacia. Pero maestro, verdadero maestro, mago indiscutible, lo es solamente en una cosa: en el amor. Todos sus talentos dispersos, sus múltiples dotes, se reúnen, como por mágica alquimia, para formar el talento puro de perfecto erótico; él, que es dilettante en todo, es en el amor un genio indiscutible. Su cuerpo parece ya creado para el servicio de Venus. La Naturaleza, generalmente tan ahorrativa, en este caso ha metido en el crisol todo lo que puede ser agradable: sensualidad, fuerza, belleza, y con ello ha formado un hombre destinado al placer de las mujeres, un macho, un varón de peso reglamentario y al mismo tiempo atractivo: un ejemplar fuerte y ardiente del sexo masculino; en él es perfecto el molde y perfecta también la fundición.

Nada más lejos de la verdad si uno se imagina a Casanova como el tipo de belleza que pudiéramos llamar moderna, es decir: esbelto, bel uomo, efebo. No; él es un verdadero semental con hombros de hércules, músculos de luchador romano, belleza morena de cíngaro, empuje y descaro de condottiere y el ardor de un fauno. Su cuerpo es metal y rezuma fuerza y potencia. Varias veces sufre la sífilis, dos se envenena, recibe una docena de estocadas, pasa años de oscuridad allá en los Plomos y en los insanos calabozos españoles. Hace rápidos viajes desde la Sicilia calurosa a los fríos de Rusia y todo eso no reduce en un ápice su potencia fálica. Le basta recibir el fulgor de una mirada, un contacto, la proximidad tan sólo de una mujer, y se inflama todo entero y su sexualidad invencible se despierta.

Casanova, Stefan Zweig.

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Don Quijote de la Mancha

Don Quijote de la Mancha

[…] Pero ¡quita!, que es ella muy buena moza y hay pastores más maliciosos que simples, y no querría que fuese por lana y volviese trasquilada; y los amores y los no buenos deseos suelen andar lo mismo por los campos que por las ciudades, por las chozas pastoriles y por los palacios reales, y quitada la causa, se quita el pecado, y ojos que no ven, corazón que no siente, y más vale quitarse de en medio que andar razonando.

—No más refranes, Sancho, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo en refranes, y que te sujetes, pero me parece que es predicar en el desierto, y ríñeme mi madre, por un oído me entra y por otro me sale.

—Me parece que vuesa merced es como aquello de: Dijo la sartén a la caldera: quítate allá, ojinegra. Me está reprendiendo que no diga yo refranes, y los ensarta vuesa merced de dos en dos.

—Mira, Sancho: yo traigo los refranes a propósito, y cuando los digo vienen como anillo al dedo, pero tú los traes tan por los cabellos, que los arrastras, y no los guías; y si no me acuerdo mal, te dije ya otra vez que los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios, y el refrán que no viene a propósito es antes disparate que sentencia.

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

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Clasicismo vs Barroco

Lo Clásico Lo Barroco
Geometría Organicidad
Estático En movimiento
Gravita Se eleva
La Razón La Emoción
La Razón La Percepción
Símbolos abstractos Realidades concretas
Un futuro único Futuros contradictorios
La obra imita al espíritu La obra imita a la naturaleza
Seguro de si mismo Roto en sus contradiciones
Monoteísta Panteísta
Humanista Panteísta
Ortodoxo Pagano
Se proyecta en una línea Se proyecta en un plano
Apolo Dioniso
Unidad Dispersión
Alineación Confrontación
Logos Pathos

Clasicismo versus Barroco, una clasificación para lo humano, Javier Cañada.

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It Doesn't Have to Be Crazy at Work

It Doesn't Have to Be Crazy at Work

The Trust Battery

[…] “Another concept we talk a lot about is something called a ‘trust battery.’ It’s charged at 50 percent when people are first hired. And then every time you work with someone at the company, the trust battery between the two of you is either charged or discharged, based on things like whether you deliver on what you promise.”

Disagree and commit

Jeff Bezos put it well in his 2017 letter to shareholders:

We totally agree. We’ve been practicing disagree and commit since the beginning, but it took Bezos’s letter to name the practice. Now we even use that exact term in our discussions. “I disagree, but let’s commit” is something you’ll hear at Basecamp after heated debates about specific products or strategy decisions.

It Doesn’t Have to Be Crazy at Work, Jason Fried & David Heinemeier Hansson.

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Olympia

Olympia

Olympia, Pierers Universal-Lexikon. Heinrich A. Pierer. 1891.